PANDEMIA Y MEDIOS (Y DE TODO UN POCO)
La pandemia agrega pobreza a un país pobre o aumenta la que ya existe y eso se ve en la tevé, lo que es comprensible: montar un espectáculo cuesta mucho, hacerlo en exteriores cuesta y complica, pero hay que tratar de mantener espónsors entonces... todo vale. O mejor dicho no vale, cuanto más barato mejor, así que... la solución es programas baratos. Y que más baratos que juntar 3 ó 4 en un panel y que hablen, que discutan. Si no están muy preparados, mejor, porque entonces predomina la improvisación, el hablar como en tu casa o en la calle. El lenguaje así resulta más contundente -al pedo, puso cara de culo, me hinchan las- el problema como en la vida real es que cuando llegaste acá es difícil volver a la sutileza, al refinamiento en el juicio, a discernir grados de significado. Ya no es que se dice una palabra porque es la que tiene más sentido en ese lugar, imposible usar otra, como señalaba Fontanarrosa, sino porque tiene contornos bien definidos, bien contrastantes, fácil de entender para un pensamiento facilista, simplista, sin rodeos. No es que los rodeos sean mejores, muchas veces son necesarios y, en cambio, se acostumbra a hablar dando grandes zancadas o atajos. Y lo peor es que muchos periodistas -que si son trabajadores de los medios deberían ser mediadores- se aferran a su opinión -que si bien es correcta la libertad de expresión, la opinión casi siempre es nada más que eso, una opinión- y la enarbolan como bandera o la manejan como herramienta de ataque, y no solo muestran ese pensamiento simplista del que hablamos (porque para qué sirve la 'conciencia crítica', dijo un presidente) sino que, en vez de ser 'mediadores', tapan a veces a los gritos a los que llevan para entrevistar, reduciéndolos casi al balbuceo o a tener que callarse. Como sucedió ayer con una periodista, joven y hermosa, vestida a la page con sus plataformas y su insinuante escote, que llevó al programa al padre Pepe, de larga currícula en el tema comunidad, pobreza, villa, etc., le preguntó sobre el tema 'aborto', donde el cura tiene una posición tomada con la experiencia de muchos años de compartir su vida con las y los más pobres, y apenas lo dejó esbozar un pensamiento disminuido que enseguida tapó con su referencia a estadísticas de las que seguramente conoce algunas cifras que han sido divulgadas. No es espacio para que diga acá lo que yo pienso sobre el tema, que creo sí que hay que pensarlo mucho: era el momento de escuchar a alguien que se involucraba, que trabajaba, que convivía con esa problemática, pero no pudo casi hablar porque la periodista (entre comillas) lo tapó superponiendo a lo del cura con palabras del discurso correcto. Sí, porque el discurso a favor del aborto es ahora el discurso correcto, nadie -salvo dirigentes zarpados, con objetivos trascendentes- se atreve a decir una opinión en contra. Menos personitas inexpertas, que se visten a la última y también se adhieren a la última consigna. Acabo de leer una novela, nada pacata, de Selva Almada, sobre la vida en las islas, donde aparece el aborto forzado; de eso no se dice nada, sí del embarazo forzado. Ojo, no estoy a favor de este último, sobre todísimo en niñas y adolescentes, donde habría que desembarazar a la jovencita del bebé pero también de violadores, de tíos y hasta de padres y madres que la expusieron a la violación; pero también he conocido mujeres obligadas a abortar, que después fueron mujeres tristes para siempre. Y además de que es ella siempre la que pone el cuerpo, para el sí o para el no, el aborto forzado es también una violación. Y lo hay, pese a que entra dentro del discurso correcto. Un médico que admiré y al que quise mucho me decía que, antes de que se pasara a los hechos, él siempre le preguntaba a su 'pacientita' y en la forma más privada posible qué es lo que ella quería.
Necesario: pensamiento crítico, mucho pensamiento crítico, sobre todo en mediáticas seductoras.
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