(Antes que nada una aclaración: el título no responde a una cuestión de meritocracia sino simplemente al orden alfabético, ya que algún orden hay que tener y ninguno más antiguo y más justo que ese. Dicho esto vamos al texto). No sé si será porque tuve un novio de Pehuajó o porque me gusta el 'patchwork' pero me identifico con las tortugas. O también porque a mi nieto lo subyugó la Manuelita de María Elena Walsh. Son silenciosas, pausadas, les gusta como a mí el mar y los pastos verdes. Claro, un poco tímidas, cuando algo las asusta meten todo adentro: las patitas, la cabeza, la cola, y se quedan quietitas como una pieza de alfarería o más bien como el mosaico de algún artesano morisco. Pero no son de piedra y cada tanto hasta hacen el amor. Claro que siempre se quedan atrás en el camino pero quién puede asegurar que adelante no sea atrás. Muchas veces ha pasado, aunque los discursos digan lo contrario. Y no siempre son tan lentas: de chiquitas se las ve ir corriendo por la ar...